Una tormenta legal sacude las oficinas de Wizards of the Coast
Hasbro se encuentra actualmente bajo el ojo del huracán tras una demanda masiva interpuesta por sus propios accionistas. El conflicto legal, radicado recientemente en Rhode Island, señala directamente al CEO Christian Cocks y a varios directivos por una presunta gestión desastrosa de Magic: The Gathering (MTG). La acusación central no sorprenderá a quienes han intentado seguir el ritmo de lanzamientos en su computadora o celular: la empresa habría inundado el mercado con una sobreimpresión de cartas que está destruyendo el valor de las colecciones de los jugadores.
Los demandantes, Joseph Crocono y Ultan McGlone, alegan que la directiva de Hasbro ha incurrido en violaciones de deberes fiduciarios, gestión negligente y abuso de control. Según el documento de 76 páginas, la compañía ha priorizado las ganancias rápidas a corto plazo para tapar baches financieros en otras divisiones de Hasbro, sin importarles que esto sature la demanda y agote el bolsillo de los fans más leales.
La Estrategia del Paracaídas: Imprimir sin control
Uno de los puntos más polémicos de la demanda es la llamada «Estrategia del Paracaídas». Según testimonios internos, la cúpula de Hasbro ordenaba el lanzamiento repentino de nuevos productos de Magic cada vez que otra área de la empresa reportaba pérdidas. Estos sets, que a menudo son reediciones como los populares «Masters» o colaboraciones constantes de Universes Beyond, servían como un salvavidas financiero artificial.
Para que ustedes dimensionen la magnitud del problema, en 2022 Wizards of the Coast lanzó cinco veces más sets que en 2016. Esta táctica permitió que los ingresos de la división de juegos de mesa y cartas se duplicaran entre 2018 y 2021, pero a un costo altísimo: la fatiga del consumidor. Al haber tantos productos nuevos cada mes, las cartas pierden su aura de exclusividad y el mercado secundario se desploma, dejando a los coleccionistas con piezas que valen una fracción de lo que pagaron inicialmente.
El fraude del 30 Aniversario y el escándalo del vertedero
Si la sobreimpresión ya era un problema, la demanda revela detalles aún más turbios sobre el infame set de 30 aniversario. Ustedes recordarán aquel producto que costaba la absurda cantidad de 999 dólares por solo cuatro sobres de cartas que ni siquiera eran legales en torneos oficiales. La comunidad reaccionó con una furia sin precedentes, y Hasbro afirmó en sus redes sociales que el producto se había «agotado» en menos de una hora tras su lanzamiento en el sitio web.
Sin embargo, la demanda sostiene que esto fue una mentira deliberada. Los accionistas afirman que Hasbro pausó las ventas estratégicamente para fingir un éxito comercial que no existía y así engañar a los inversores sobre la salud de la marca. Lo más impactante es el testimonio de antiguos empleados que aseguran haber visto fotografías de miles de estas cajas de lujo siendo desechadas en un vertedero de basura en Texas. En lugar de ser un éxito de ventas, el producto habría terminado enterrado entre desperdicios porque nadie quería pagar mil dólares por copias no oficiales.
¿Qué significa esto para el futuro de Magic?
La batalla legal busca que Hasbro rinda cuentas y que los accionistas obtengan más poder en la junta directiva para frenar esta explotación desmedida de la propiedad intelectual. Mientras tanto, en las tiendas locales y en plataformas digitales, el sentimiento de los jugadores es agridulce. Aunque lanzamientos recientes como Lorwyn Eclipsed han mostrado señales de recuperación gracias al factor nostalgia, la sombra de la duda sobre la integridad de Wizards of the Coast es más alargada que nunca.
Resulta irónico que un juego que sobrevivió tres décadas basándose en la confianza de sus seguidores esté hoy contra las cuerdas por decisiones tomadas en una sala de juntas lejos de las mesas de juego. ¿Podrá Hasbro recuperar la confianza de quienes sostienen su imperio o estamos presenciando el inicio del fin de la era dorada de los juegos de cartas coleccionables? La comunidad espera respuestas mientras las cartas siguen saliendo de las imprentas a una velocidad que parece no tener freno.
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